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La vivienda se implanta en un lote urbano entre medianeras, en el barrio de Punta Mogotes, ciudad de Mar del Plata. El proyecto parte de una premisa central: integrar interior y exterior mediante espacios intermedios que modulen la transición entre lo público y lo íntimo, entre la calle y el corazón doméstico.
La morfología de la vivienda se configura como un sistema de piezas articuladas, donde los llenos y vacíos establecen una relación dinámica entre masa y aire, luz y sombra.
Esta alternancia permite que la presencia del exterior acompañe la vida cotidiana, reforzando la continuidad visual, climática y sensorial entre las distintas áreas.
La secuencia del recorrido organiza la experiencia espacial:
1. Desde la línea municipal, la vivienda se retira, generando un primer espacio de transición donde el semicubierto vehicular y el semicubierto peatonal conforman un umbral compartido.
2. Este ámbito funciona como antesala al interior, preparando el ingreso mediante una percepción gradual del silencio doméstico.
3. Al atravesar el acceso, se llega al patio central, verdadero corazón de la vivienda, que actúa como articulador climático, lumínico y social. Su orientación estratégica favorece el asoleamiento natural durante todo el día, garantizando iluminación, ventilación y confort térmico en los espacios interiores.
4. Hacia el fondo, la vida interior se abre nuevamente al patio posterior, accesible desde la cocina y el comedor, extendiendo el ámbito social hacia el exterior inmediato.
"La arquitectura es el vacío que queda entre las cosas."
Álvaro SizaEste esquema espacial —frente permeable + patio central + patio posterior— permite que los ambientes principales cuenten con iluminación natural, ventilación cruzada y visuales abiertas, asegurando a la vez privacidad respecto de la calle y las medianeras.
La propuesta construye una vivienda donde lo doméstico se entiende como una continuidad fluida, sin límites rígidos entre el adentro y el afuera. La arquitectura no se concibe como un objeto aislado, sino como un espesor habitable, donde la luz, el aire y los patios se vuelven protagonistas del habitar cotidiano.
La materialidad acompaña esta idea: superficies blancas, continuas y sobrias consolidan una imagen austera y contemporánea, mientras la vegetación —tanto en el patio central como en el posterior— suaviza los bordes y construye una atmósfera de calma y refugio en el interior de la ciudad.
En síntesis, Casa Sur propone una forma de habitar atravesada por la luz, la sombra y el aire; por la transición y el encuentro, en diálogo permanente entre lo construido y lo natural.