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Dúplex Larrea propone una forma de habitar donde el vacío organiza, ilumina y enriquece la vida cotidiana. El proyecto reúne dos viviendas apareadas en torno a una secuencia de espacios exteriores que construyen gradaciones entre la calle, el acceso, el patio central y el parque.
La arquitectura trabaja sobre una condición precisa: hacer del vacío una materia activa del proyecto. Luz, aire, vegetación y visuales atraviesan las viviendas, ampliando la experiencia interior y construyendo una relación permanente con el exterior.
El patio central es el corazón del conjunto. Su presencia permite que ambas viviendas respiren hacia un espacio común de luz, aire y vegetación, generando una pausa dentro de la compacidad del lote.
Las escaleras, dispuestas en direcciones opuestas, aportan movimiento y ritmo a este vacío interior. Su recorrido transforma el patio en un espacio activo, atravesado por visuales, desplazamientos y situaciones cotidianas.
Este espacio intermedio articula las viviendas sin diluir su independencia: conecta, filtra y preserva la privacidad.
La búsqueda de luz natural estructura buena parte de las decisiones proyectuales. Los vacíos permiten que el sol ingrese en distintos momentos del día, modificando la atmósfera interior y haciendo visible el paso del tiempo.
Aire, sombras, vegetación y variaciones de luz incorporan una dimensión sensible al habitar. Las viviendas encuentran en el exterior una extensión necesaria para enriquecer los espacios interiores y acompañar la vida diaria.
Cada unidad conserva su autonomía, pero ambas participan de una misma estrategia espacial. La condición apareada se organiza a partir de una lógica compartida de accesos, patios, escaleras, expansiones y áreas privadas.
Fachada, materialidad y sistema de vacíos construyen una lectura unitaria del conjunto, clara, contemporánea y doméstica, sin perder la identidad de cada vivienda.
La expresión del proyecto se apoya en una materialidad contemporánea y de fuerte presencia visual. El ladrillo claro, el hormigón y los elementos metálicos conforman una imagen nítida y expresiva, donde llenos y vacíos se articulan para construir profundidad, sombra y privacidad.
El ladrillo aporta textura y escala; el hormigón introduce espesor y carácter; los elementos metálicos construyen un límite permeable hacia la calle. La reja vertical, el retiro y el acceso conforman un frente filtrado, capaz de proteger la intimidad sin clausurar la relación con el entorno.