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El proyecto se ubica en el barrio Plaza Mitre, una de las áreas de mayor densidad habitacional de la ciudad de Mar del Plata. La propuesta asume el desafío de construir un edificio contemporáneo capaz de responder a las exigencias urbanas, económicas y espaciales de su entorno, priorizando la calidad de vida interior, la privacidad y una identidad arquitectónica definida.
El edificio cuenta con un subsuelo y un entrepiso semi - elevado destinados a cocheras.
Sobre este basamento se desarrolla un volumen de nueve niveles de viviendas y un quincho en el décimo piso, configurados bajo una planta tipo orientada a la optimización comercial, es decir: unidades eficientes, circulaciones claras y un aprovechamiento máximo de la superficie edificable.
La racionalidad de la planta no implica pérdida de calidad. Por el contrario, la organización espacial promueve una experiencia de habitar cualificada, con ambientes bien proporcionados, visuales extensas y una relación fluida con el exterior a través de balcones amplios, cuyas proporciones los vuelven plenamente utilizables como espacios de expansión.
La fachada se concibe como un dispositivo activo entre interior y ciudad.
A lo largo del frente se desarrolla un sistema de balcones escalonados, con variaciones de espesor y profundidad que producen:
· Un movimiento volumétrico, que otorga identidad al conjunto.
· Diversidad de situaciones de estar exterior para cada unidad, evitando la repetición seriada.
· Control de visuales y privacidad, fundamental en un tejido de alta densidad.
Los balcones están delimitados por parapetos de hormigón armado, elementos que operan en simultáneo como resguardo visual, límite material y gesto arquitectónico.
Este espesor habitable, situado a mitad de camino entre lo público y lo doméstico, construye un horizonte urbano reconocible y, al mismo tiempo, protege la intimidad interior.
"La fachada es el lugar donde la arquitectura se encuentra con el mundo."
Herzog & de MeuronLa materialidad responde a una idea de pureza compositiva, apoyada en tres principios:
· Superficies blancas continuas, que unifican y otorgan luminosidad.
· Planos y bordes nítidos, que refuerzan la claridad formal.
· Hormigón visto en parapetos y elementos estructurales, que aportan textura y peso material.
Esta combinación define un lenguaje sobrio, contemporáneo y perdurable, evitando artificios y priorizando la nobleza y durabilidad de los materiales.
· El edificio no se concibe como un objeto aislado, sino como parte activa de una trama urbana consolidada.
· La propuesta reconoce la densidad del entorno y responde mediante el cuidado de la privacidad y la escala humana.
· La fachada deja de ser una mera imagen para transformarse en una interfaz climática, visual y social.