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Driza Temple explora una condición recurrente en la vivienda contemporánea de densidad media: cómo construir ciudad sin perder la escala doméstica del habitar.
El proyecto trabaja sobre dos dimensiones simultáneas. Hacia la ciudad, la envolvente recompone la escala edilicia mediante un sistema de trillage de aluminio que unifica la lectura del volumen y le otorga una presencia contemporánea dentro del tejido urbano. La fachada deja de entenderse como un mero límite para convertirse en una transición entre edificio y ciudad.
En una segunda capa, más próxima a la experiencia cotidiana, las terrazas apiladas recuperan una escala vinculada a la vivienda tradicional de Mar del Plata. Sus proporciones permiten un uso real, incorporando parrillas y espacios de permanencia que funcionan como patios elevados.
La planta baja se concibe como una extensión del espacio urbano. Un gran vacío abierto organiza el acceso y construye una condición de plaza capaz de expandir las actividades comunes hacia la ciudad. Las cocheras se resuelven íntegramente en subsuelo, liberando el nivel de acceso para privilegiar la experiencia peatonal.
Hormigón visto, ladrillo visto y madera natural conforman un sistema material que busca equilibrio entre precisión contemporánea y tradición local. La vegetación se integra transversalmente, incorporando naturaleza como parte constitutiva del habitar.
Cada nivel alberga dos unidades que se desarrollan en torno a vacíos verticales propios. Los departamentos construyen su propio horizonte doméstico: luz, vegetación, materia y vacío articulados para producir una experiencia más cercana a una casa que a una tipología convencional de vivienda colectiva.